domingo, 7 de septiembre de 2014

NOVENA A JESUS NAZARENO DE MEDINACELI PARA PEDIR LO QUE SE NECESITA

 
 

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh, Señor y Dios mío
animado por vuestra infinita bondad
y por los continuos favores que otorgáis
a los que imploran delante de vuestra Imagen,
misericordia y perdón,
a Vos acudo, oh Padre mío, Jesús Nazareno,
para ofreceros mis humildes obsequios
y presentaros las necesidades de mi pobre alma. 
Confieso que os he ofendido
con grandes faltas que he repetido sin cesar;
pero ya arrepentido,
las detesto de veras y propongo,
ayudado de vuestra gracia,
enmendarme en lo venidero.
 
Movido, pues, de estos sentimientos,
os ruego, ¡oh mi buen Jesús!,
que, por los dolores de vuestra Pasión,
atendáis las súplicas que os dirijo en esta novena,
si son de vuestro agrado
y de provecho para mi alma.
Amén.
Rezar a continuación la oración del día que corresponda.
Medítese, hágase la petición 
y récense tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
 
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
 
¡Oh, dulce y amado Padre mío, Jesús Nazareno!
 
Al considerar vuestro amor
y la bondad con que me habéis acogido en este día,
un grito de gratitud se escapa de mis labios
y el recuerdo de vuestras misericordias
embarga mi alma.
 
Por ganar mi amor bajasteis a la tierra
y sufristeis toda clase de penas y trabajos
y muerte de cruz.
 
Por mí también,
llegando al colmo de todas las bondades,
os quedasteis en el Sacramento del altar
queriendo ser nuestro manjar,
consuelo y perpetuo compañero.
 
¿Qué más?
 
Por nuestro amor
os presentáis en esa Imagen coronada de espinas,
atado con duros cordeles
y vestido con hábito de humildad y de paciencia.
 
¡Gracias, Señor, por todo!,
y a fin de corresponder a vuestros favores,
os pido la gracia de cumplir siempre vuestra ley,
imitar vuestras virtudes
y vivir y morir en vuestro amor.
Amén.

DÍA PRIMERO
 
La hora de la Pasión ha llegado.
Jesús se dirige con sus discípulos al Huerto de los Olivos,
y allí, de rodillas ora y ofrece a su eterno Padre sus dolores.
La vista de las afrentas y muerte próxima es tan horrible,
que le hace desfallecer hasta sudar sangre.
Sólo le anima el pensamiento de que cumple la voluntad
de su Padre y que de su muerte de cruz
dependía nuestra salvación.
 
Haced, Jesús mío, que enjugue vuestro sudor,
detestando mis pecados,
causa de vuestra pasión y muerte.

DÍA SEGUNDO
 
Judas llega con sus soldados a prender a Jesús. 
Este sale a su encuentro,
y al recibir el beso del traidor discípulo,
los judíos caen sobre Jesús,
como lobos sobre un manso cordero.
Preso, pues, con gruesos cordeles, 
Jesús es llevado, entre insultos y golpes,
como un facineroso,
a presencia del Sumo Sacerdote.
 
Concédeme, Jesús mío,
que yo sea manso y humilde como Vos,
sufriendo los desprecios de mis prójimos.
 
DÍA TERCERO
 
Quién podrá declarar lo que Jesús padeció
de parte de los judíos?
Un vil criado del Pontífice le abofetea,
y Caifás y los príncipes del pueblo
le declaran reo de muerte.
Los ministros del Sanedrín pasan la noche
injuriándole y maltratándole ignominiosamente,
algunos le escupen en el rostro
y Herodes le desprecia por loco.
Hasta Pedro, su fiel discípulo,
se avergonzó de conocerle.
 
Y ¿me quejaré yo de las penas
que he merecido por mis pecados?
Señor, quiero sufrir algo por vuestro amor.
 
DÍA CUARTO
 
Los judíos piden a gritos la muerte de cruz
para el Salvador.
Pilatos, temiendo las amenazas del pueblo,
cree que podrá aplacarle si mandan castigar a Jesús.
 Atado, pues, a una columna,
el divino Maestro es azotado tan bárbaramente
por los sayones que su cuerpo es del todo desgarrado
y cubierto de llagas y de sangre.
 
Oh, divino Redentor,
haced que yo ame la mortificación,
que necesito para borrar mis pecados. 
 
DÍA QUINTO
 

Como Jesús habla afirmado que era Rey,
los soldados de Pilatos
quisieron burlarse de su realeza.
Para eso mandan sentar a Jesús;
echan sobre sus desnudas espaldas
un manto viejo de púrpura,
clavan en su cabeza una corona de punzantes espinas,
y en sus manos ponen una caña a modo de cetro.
Unos le encarnecen vilmente,
otros le llenan de saliva,
y, cogiéndole la caña,
le golpean con ella la cabeza,
hincándole más y más las espinas.
 
Y yo, ante esta escena tristísima,
¿no aprenderé a tener paciencia,
sufriendo por quien tanto sufrió por mi?
 
DÍA SEXTO
 
Pilatos, al ver la figura lastimosa
que presentaba Jesús
después de la coronación de espinas,
creyó que los judíos se conmoverían con sólo verle.
Lo sacó en público y dijo:
Ecce Homo: Ved aquí al hombre;
yo no encuentro en El causa de muerte. 
Pero los judíos, al ver a Jesús
y oír las palabras del Presidente,
contestaron a gritos:
"Crucifícale, crucifícale".
 
Oh, Jesús mío,
al oír los desprecios de los judíos
y las blasfemias de muchos cristianos,
protestaré en mi corazón diciendo
"Viva Jesús!"
"Bendito sea su santo Nombre!".
 
DÍA SÉPTIMO
 
Dada por Pilatos sentencia de muerte contra Jesús,
los judíos se apresuraron a ponerla en ejecución.
Visten de nuevo a Jesús con su túnica,
cargan sobre sus hombros una pesada cruz,
y le obligan a caminar así por las calles de Jerusalén. 
La turba corre tras de Jesús,
ansiosa de llenarle de insultos.
Iba el Salvador tan fatigado,
que varias veces cayó en tierra,
y temiendo los soldados
que desfalleciese en el camino,
obligaron al Cirineo
a que le ayudara hasta el Calvario.
 
Hacer, Jesús mío,
que Yo sea vuestro cirineo,
llevando gustoso la cruz que me queráis enviar.
 
DÍA OCTAVO
 
Casi sin vida llegó Jesús al Calvario,
y los crueles sayones al punto
lo clavaron en la cruz con gruesos clavos.
Entre gritos e insultos,
lo levantaron después en alto,
quedando Jesús en el más horrible suplicio.
Al oír las injurias de sus enemigos,
levantó el Salvador la voz
y pidió para ellos el perdón,
y para nosotros la salvación.
 
No fueron los judíos,
oh paciente Jesús mío,
los que os crucificaron,
sino mis pecados.
Por eso diré de continuo:
¡Jesús mío, misericordia!
 
DÍA NOVENO
 
¡Oh, mi amado Jesús!
Qué bien representa
esa vuestra Imagen de Nazareno
lo mucho que hicisteis y sufristeis por nosotros!
Cautivo de los que tanto os injuriaron y maltrataron,
nos disteis ejemplo de paciencia invencible.
Con los cristianos, que os rescataron,
fuisteis el Dios de los consuelos;
y aquí entre nosotros, vuestros fieles, 
donde entrasteis como Rey de amor,
regís y gobernáis desde ese trono
los corazones de vuestros esclavos y devotos.
 
¡Oh, buen Jesús! Regid y gobernad
los afectos de mi corazón,
para que os sirva como a mi Dios y Señor.
 
Amén.

 

3 comentarios:

  1. Mi Jesús de Medinaceli, por favor atiende a mis súplicas para que mi madre se ponga buena.
    Amén.

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  2. atiende mi suplica para que mis hijos terminen bien el instituto.
    Sobre todo Alvaro que le esta costando mucho.
    Amen

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